El sumario de la causa penal que investiga la gestión de la dana del 29 de octubre recoge los brutales testimonios de familiares de algunas de las 224 víctimas mortales -sin contar a los tres desaparecidos- que dejó la catastrófica riada en la provincia de Valencia. De hecho, el procedimiento en el Juzgado de Primera Instancia e Instrucción 3 de Catarroja se sigue ya por 160 fallecimientos.Los relatos, la mayoría comprendidos entre las 19 y las 20 horas, son estremecedores: personas que bajaron a un garaje y no regresaron, gritos de socorro que se escucharon durante 40 agónicos minutos o intentos de evitar sin éxito que el agua arrastrara a niños sorprendidos por una tromba de agua que, a algunos sitios, llegó sin que ni siquiera hubiera llovido.De las más de medio centenar de declaraciones testificales realizadas por la Guardia Civil y por la magistrada que ha centralizado las pesquisas se deduce que decenas de muertes se produjeron antes de que se enviara la alerta masiva a los teléfonos móviles de la población. Un mensaje, emitido a las 20.11 horas, que fue «tardío» y «erróneo en su contenido» al pedir que se evitaran desplazamientos, pues «muchas víctimas fallecieron sin salir de la planta baja de su domicilio, al bajar al garaje, o simplemente por encontrarse en la vía pública».Precisamente, la magistrada ha puesto el foco en algunos de sus escritos en «la evitabilidad del abrumador número de fallecimientos» y en que «el objeto de la investigación se ha de centrar en la palmaria ausencia de avisos a la población que no pudo tomar ninguna medida para protegerse». Muchos de los familiares que han aportado su testimonio se encuentran en tratamiento psicológico tras lo ocurrido y, por orden de la instructora, el Instituto de Medicina Legal de Valencia está evaluando sus daños y secuelas psicológicas.Garajes y plantas bajas convertidas en trampas mortalesUno de los casos incluidos en el sumario es el de una mujer que llegó a avisar a las 19.10 horas a su madre, de 91 años, de que el barranco del Poyo se estaba desbordando. A los pocos minutos, la cuidadora de la anciana, que estaba con ella en Catarroja, le envió un vídeo a la hija que mostraba cómo el agua estaba entrando en la casa, a lo que siguieron llamadas de auxilio en las que gritaba que su madre se había ahogado y que ella también iba a morir. A las cinco de la madrugada, el nivel del agua en las calles bajó y la testigo pudo desplazarse hasta la casa de su madre, donde confirmó que la anciana había muerto.Entre las denuncias, se encuentra también el relato de la mujer de un policía que bajó a un garaje de Benetússer, a las 20 horas del 29 de octubre, tras escuchar gritos de socorro. Su marido pudo ayudar a los atrapados hasta que el agua estampó una furgoneta en la puerta del garaje y se inundó por completo. Hasta el día siguiente no pudieron recuperar los cuerpos del agente y del resto de personas que perecieron allí dentro.La hija de otro fallecido, un hombre de 74 años de Catarroja, también cuenta que, alrededor de las 19h, su padre y varios vecinos bajaron al garaje a sacar los coches, pero su progenitor no pudo salir al quedar atrapado por la fuerza del agua.Lo mismo ocurrió con el padre de un denunciante en Massanassa sobre las 18.15 horas. Sorprendidos por la tromba en el aparcamiento subterráneo, se sujetaron de una barandilla para no ser arrastrados por la corriente. El hombre no aguantó más y su cuerpo sin vida fue localizado dos día después. La mujer permaneció allí durante ocho horas hasta que pudo ser rescatada por vecinos.Son sólo algunos de los ejemplos recogidos en la causa judicial sobre «un episodio dantesco, un infierno real de destrucción, muerte y finalmente oscuridad». Un «relevante número» de familiares, detalla la juez en uno de sus autos, «vieron desaparecer a sus allegados delante de sus ojos». «Padres, cónyuge o hermanos que vieron cómo se les escapaban literalmente entre sus manos. Hijos, cónyuge o hermanos arrastrados por un torrente de agua y barro. un cónyuge conseguía poner a salvo a su esposa, peor sin embargo él mismo fallecía tras luchar largo tiempo contra el arrastre del agua», lamenta.«Algunos de los familiares fueron testigos de cómo las víctimas bajaron a los garajes, en algún caso de forma sucesiva, y jamás volvieron. Familiares de fallecidos que presenciaron como estos, debido a su avanzada edad, peores condiciones física o, simplemente, a la incapacidad humana de soportar la fuerza de la corriente de agua y barro, perecían, Algunas de las víctimas perdieron su vida tras haber enviado mensajes de audio de despedida a sus hijos, otros familiares llegaban a los domicilios de sus mayores y encontraban sus cuerpos sin vida», sostiene la magistrada.
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