La extraña vida del portero suplente

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La extraña vida del portero suplente

Una de esas modas que de golpe parecen escritas en mármol en todos los vestuarios de los equipos de fútbol es la que consiste en poner, sí o sí, a tu portero menos habitual en los partidos de Copa. Esta es una decisión que siempre ha generado dudas entre aficionados, puesto que en ocasiones supone asumir un riesgo innecesario para todas las partes implicadas: para el equipo por verse privado de su guardameta habitual y para el propio portero suplente por verse expuesto de golpe en un partido a vida o muerte, sin apenas margen de error, sin tener demasiado ritmo de partido, alejado además de ese laboratorio seguro que siempre es el entrenamiento donde todo parece más controlado.Esto es algo que se pudo observar, por ejemplo, durante la semifinal entre Barça y Atlético de Madrid. Al portero rojiblanco Musso, suplente de Oblak todo el año, se le vio superado por momentos. Tampoco es que fallara de manera calamitosa en alguno de los cuatro goles encajados (de hecho tuvo alguna parada de verdadero mérito), pero sí transmitió bastante nerviosismo y una cierta inseguridad a su defensa durante distintas fases del partido. Szczęsny, portero del Barça, también había acusado antes su periodo de inactividad tras una etapa larga como suplente cuando finalmente Flick decidió de repente en la Supercopa darle el puesto de titular tras la impuntualidad de Peña (no ha habido mayor castigo a un retraso que este), protagonizando varias salidas extrañas y alguna cantada. Lunin jugó las semifinales de Copa como titular y rodeado de un razonable escepticismo. A fin de cuentas los zapatos de Courtois son muy grandes de llenar (en sentido metafórico y literal). Y Lunin sigue siendo una moneda al aire. No en vano el año pasado ofreció un excepcional rendimiento con el Madrid, pero luego disputó una Eurocopa pésima en la que perdió su puesto como titular tras un inicio desastroso. Y se casó en chándal. No es muy predecible.Pero el ucraniano estuvo verdaderamente excepcional en el Reale Arena, mostrándose seguro y tranquilo en todo momento, dejando su portería a cero. Con aplomo y personalidad. Un muro. Sin titubeos ni dudas. A la altura del momento.No es fácil ser el eterno portero suplente, siempre a la sombra. Y tampoco debe serlo no quedarte ciego cuando todos los focos, de pronto, caen un día sobre ti. Para luego volver, nuevamente, a la oscuridad del banquillo.

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