Tiene la piel cubierta de urticaria nerviosa, ha perdido 6 kilos de masa muscular en nada de tiempo y solo puede levantarse con antidepresivos y dormirse con ansiolíticos. Es Jacqueline Guillén, una mujer de 36 años que está prácticamente en la calle a pesar de ser propietaria de un piso. La que no la deja dormir es su antes amiga Petronila B., una paraguaya con la que trabó lazos durante la pandemia : «Me daba pena porque ella lo estaba pasando mal, pues su hijo vivía en Paraguay porque le habían quitado la custodia».Y por eso, por echar una mano, le alquiló su local reconvertido en vivienda (aunque aún no tiene cédula de habitabilidad) a Petronila cuando Jacqueline estuvo viviendo en Londres un tiempo. «Lleva meses de impago y yo estoy hasta arriba de deudas. La única opción que me han dado los servicios sociales es un albergue y el comedor social; si no estoy allí es porque una amiga me deja dormir en su sofá», relata, desesperada, a ABC. La enésima víctima de la inquiokupación acepta sin problemas ser retratada en la puerta de su propiedad, en la calle de López de Hoyos, a su paso por el distrito de Hortaleza. Un lugar por el que sigue pagando 600 euros de hipoteca al mes, gracias a la caridad de su gente allegada, porque, desde que regresó a España, se encuentra sin trabajo: «Y debo más de 2.000 euros».Noticia Relacionada En Vallecas (Madrid) estandar No El doble castigo de Nuria por tener una okupa Amina Ould«Se lo alquilé para que viviera con otra amiga a la que yo conocía bien en agosto de 2021. Ambas estuvieron allí tres años sin ningún percance, aunque se retrasaban con los pagos. Eran un poco despistadas», dice, con cierta inocencia aún pese a la situación tan lamentable en la que se encuentra. Las primeras rentas eran de 850 euros al mes, «con contrato de alquiler de local de 62 metros, reformado y convertido en vivienda con dos habitaciones». Dentro siguen la televisión y más pertenencias de Jacqueline que da «por robadas». A comienzos de 2024, Petronila, ya sin la otra amiga, le dijo que quería marcharse, porque se trajo a su hijo, de unos 17 o 18 años en la actualidad y con epilepsia, a pasar unas vacaciones a nuestro país. «Pero ella decidió que se quedara aquí, para empadronarlo y solicitar ayudas», explica la víctima de esta historia, que entonces residía en Londres, cursando un máster.Pero, al volver a Madrid, la arrendadora se quedó en paro. «Me puse en contacto con un agente inmobiliario para ayudarla a encontrar otra vivienda, ella sabía que yo iba a volver al piso. Hace un año y medio, tuvo una hija con otro paraguayo, pero solo le puso sus apellidos, para que le dieran la subvención por ser madre soltera. Aunque ahora tiene otro novio, del mismo país, que es el que lleva la empresa de reformas que está al lado de mi casa. Él vive allí también e incluso utiliza su propia llave», aclara Jacqueline.«Cobra 3.000 euros al mes»Pero Petronila, supuestamente, no encontraba adonde mudarse. Decía que «toda su familia trabaja en negro y que su hermana solo cobraba en nómina 100 euros, y el resto en B». La odisea acababa de empezar: «Ella tenía un empleo antes de limpiadora en un hotel y ahora está promocionando fiestas nocturnas y bebidas en discotecas, por lo que me dijo que cobraba 3.000 euros al mes». Eso fue en agosto de 2024, cuando, pese a lo mala que era pagando, decidió renovar el contrato a su amiga. Para prevenir, incluyó dos novedades: el alquiler sería de 950 euros y, por cada día desde el 5 de cada mes que se retrasara en los abonos, una penalización de 5,7. Pagó el 8 de agosto y el 10 de septiembre, dos veces tarde de nuevo. «Así que me reuní en septiembre con ella y le pedí que buscara otro sitio, que me iba a volver ya. Me dijo que con el niño gastaba más, por el médico y por el colegio; que el novio me iba a hacer los pagos automáticamente y le pedí que suscribiera un seguro por impago». Fue cuando recibió la carta del abogado de Petronila en la que se negaban a dar por cancelado el contrato: «Me dijo que ya pagaría y que la dejara en paz». El 5 de octubre apuró el plazo estipulado, a la medianoche. «Y ya desapareció. Me tiene bloqueados los mensajes, las llamadas…», denuncia.Poco antes, Petronila le envió mensajes, algunos en poder de este periódico, en los que se excusaba con que la niña estaba enferma y que no podría ir al cajero a hacer el ingreso hasta dos días después, cosa que jamás ocurrió. A finales de noviembre, Jacqueline remitió una cancelación de contrato, en la que añadía que el 21 de diciembre ella entraría a vivir en la que legalmente es su casa. Pero la inquilina le espetó: « Los okupas no pagan . Mantengo mi postura de continuar en la casa. Tenemos contrato hasta el 9 de agosto de 2025. Entonces, te entregaré las llaves«. Amenaza a su casera con meterla en la cárcel.Luego, comenzó con las excusas de mal pagadora. Por ejemplo, se quejaba de que la casa tenía humedades y que por ello estaba de baja y la niña enferma. «Cuando lo cierto es que me gasté 5.000 euros en un deshumidificador; ella lo apagó y dejó las ventanas abiertas para que saliera moho en la casa. Me insulta y me amenaza con denunciarme a mí a los servicios sociales», se queja la estafada. Jacqueline ha puesto dos denuncias en comisaría y en el juzgado. La última, el jueves de la semana anterior, cuando se acercó a López de Hoyos y grabó cómo entraba otra chica, «con acento paraguayo», con varias maletas. «Entraba a vivir en el piso, así que creo que está subarrendando la habitación. Y dice que puede vivir gratis por ser madre soltera, que la ley la ampara», en referencia a la excepcionalidad en los desahucios cuando hay menores y personas vulnerables. Son casi 4.400 euros los que debe Petronila, entre alquiler y consumos impagados. Pero no se marcha.
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