En sus casi 250 años de historia, EE.UU., un país construido por inmigrantes de todos los orígenes, razas y confesiones, no ha tenido lengua oficial. Hasta ahora: Donald Trump va a imponer a través de una orden ejecutiva que el inglés sea la lengua oficial de la primera potencia mundial. El presidente de EE.UU. tenía previsto firmar el decreto el viernes a última hora de la tarde.La ausencia de una lengua oficial es parte de la idiosincrasia de EE.UU., donde se hablan cientos de idiomas. Pero la principal víctima de esta decisión será el español, la lengua que se ha hablado en los territorios que hoy forman EE.UU. desde mucho antes que el inglés, en un país donde el español domina los gentilicios al oeste del río Misisipi y donde la lengua de Cervantes es, de largo, la segunda más hablada. Cerca de cuarenta millones de estadounidenses hablan español en sus hogares.La orden que Trump prevé firmar explica que la adopción del inglés como lengua oficial tiene el objetivo de promover la «cohesión nacional», establecer eficiencias en el Gobierno y mejorar la participación cívica. En su texto, el decreto rescinde un mandato federal impuesto por el presidente Bill Clinton en la década de 1990 -y mantenido hasta ahora por todos sus sucesores- que exige a todas las agencias y organismos que reciben financiación federal que «proporcionen asistencia lingüística amplia a quienes no hablan inglés».La orden permite a las agencias federales seguir utilizando otras lenguas que no sean inglés en sus servicios, «pero anima a los nuevos estadounidenses a adoptar una lengua nacional que abre la puerta a nuevas oportunidades».La decisión exuda el nacionalismo anglo que ha marcado el ascenso al poder del multimillonario neoyorquino. En su mensaje político se han mezclado retórica antiinmigrante y excluyente contra aquello que no represente el EE.UU. anglo del que él proviene. Por ejemplo, en un debate presidencial en 2015, atacó al entonces gobernador de Florida y candidato republicano a la presidencia, Jeb Bush, cuya mujer es hispana, por hablar español en la campaña. “Este es un país en el que hablamos inglés, no español”, proclamó en una muestra de sus intenciones.En los últimos años, se han registrado incidentes puntuales -hostigamiento, agresiones- por parte de angloparlantes a estadounidenses que hablan español en lugares públicos.Trump sí utilizó el español en su propaganda electoral en esta campaña, como hacen todos los candidatos cuando llega la cita con las urnas. Pero utilizó la presencia de otras lenguas en EE.UU. como arma política, dentro de la retórica de que EE.UU. y sus valores sufren una «invasión», que no es solo la entrada masiva de inmigrantes indocumentados, sino también cultural.«Estamos viendo cómo entran otras lenguas en nuestros país», protestó Trump en la edición del año pasado de CPAC, la principal conferencia conservadora. «Son lenguas, y eso es lo más asombroso, que nadie nunca ha escuchado. Es una cosa horrible».Pero Trump tampoco ve con buenos ojos la lengua que hablan aquí millones y que es uno de los pilares de la cultura y de la historia de EE.UU.: en cuanto llegó a la Casa Blanca, tumbó la versión en español de su web, así como la de muchas agencias federales. También se ha eliminado la cuenta en español de la Casa Blanca en la red social X, @LaCasaBlanca.El actual vicepresidente de EE.UU., J.D. Vance, ya impulsó el año pasado una ley en el Senado -donde ejercía como legislador hasta la victoria electoral de Trump- para imponer que todas las comunicaciones oficiales sean en inglés y que se haga un examen en esa lengua a quienes tratan de adquirir la ciudadanía.«La orden ejecutiva no solo pone patas arriba la tradición y la cultura de EE.UU. sobre las lenguas que se hablan en el país, también atenta contra los derechos adquiridos por nuestras comunidades», explica a ABC Frederick Vélez, de la Hispanic Federation. «Desde que la nación se fundó, nunca hubo una lengua oficial. Y, más que eso, en los tribunales siempre se ha otorgado el derecho a la población estadounidense de tener acceso a información en diferentes idiomas».Para Vélez, la orden ejecutiva se verá en las comunidades hispanas como un «agravio» y él considera que es un intento de «distracción» de Trump frente a otros problemas de su presidencia, como la persistencia de los precios altos.Los demócratas del Congreso anunciaron a través del líder de su minoría en la Cámara de Representantes, Hakeem Jeffries, que pelearán contra esta orden ejecutiva en tribunales.«Es alucinante que busque acabar con la capacidad de nuestros jóvenes de hablar otras lenguas», criticó Adriano Espaillat, uno de los muchos hispanos en el Congreso, y que representa a un distrito de Nueva York, en el norte de Manhattan, donde en la calle sobre todo se escucha español. «Eso no nos va a hacer competitivos como país».
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