Le llaman Bobby

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Le llaman Bobby

El pasado verano, poco antes de su esperado desembarco en Madrid, Endrick se descolgó en una entrevista ante las cámaras de televisión diciendo que sus dos ídolos futbolísticos eran Cristiano Ronaldo y Bobby Charlton. Todo el mundo se quedó perplejo y descolocado ante semejante puesta en escena. Escuchar a un brasileño de apenas 18 años citando a Charlton como referente futbolístico tiene que ser como ver a un adolescente bajando con monóculo al recreo. Claro, las chanzas no tardaron en aparecer. Tras las declaraciones de Endrick, varios de sus nuevos compañeros en el Real Madrid comenzaron a llamarle cariñosamente «Bobby». Al fin y al cabo, un equipo de fútbol no difiere tanto de un colegio mayor.La verdad es que «Bobby» es un apodo interesante porque en realidad desvela más de lo que creemos de quien lo lleva. Endrick en el campo demuestra atrevimiento, personalidad y confianza a raudales. Lo mismo intenta una chilena que le clava una vaselina al portero sin inmutarse demasiado. No tiene miedo al ridículo. Desconoce la presión. Quiere gustar, pero sin dejar de ser él mismo. Cuando entra al campo es como meter a la vaquilla del Grand Prix: embiste, mocha, choca contra las vallas publicitarias y no para. Pero él va a lo suyo, escuchando el ruido de su propio tambor. Es, en definitiva, exactamente la clase de chico que soltaría ante las cámaras de televisión que Bobby Charlton es su ídolo de la infancia sin vacilar ni un instante. Ternura y originalidad.En el fondo creo que me siento identificado con Endrick. Una vez tuve en cuarto de primaria a un profesor en prácticas que en su último día nos hizo rellenar una hoja respondiendo a distintas preguntas sobre nuestra personalidad. Cuando nos preguntó por nuestros ídolos, escribí: «Laudrup y Arturo Fernández». Mezcla inverosímil donde las haya la de juntar al fantasioso mediapunta danés con el galán astuariano. Pero sin duda fue una apuesta decidida por la elegancia. Cuando lo conté luego en casa despejé las pocas dudas que quedaban sobre mi peculiar mundo interior. Pero mejor eso que soltar algún lugar común. Yo te entiendo, Bobby.El Real Madrid, tras un partido cambiante y confuso como un semáforo con un tic nervioso, finalmente pudo doblegar a una Real Sociedad que se lo puso muy complicado por momentos. Rüdiger, una vez más, acabó siendo el rey dentro del manicomio.Al final, entre la épica y el tumulto, terminaron siendo cruciales para sellar el pase a la final de Copa una vaselina de Endrick y un excelente córner botado por Arda Güler. La gloria nunca es esquiva en el Bernabéu para los que tienen buen pie y saben aguardar su momento. Decía Charlie Munger, vicepresidente de Berkshire Hathaway, que siempre se invierte mejor con el culo (esperando) que con la cabeza (razonando). En el Real Madrid ocurre algo parecido.

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