Los secretos de Julio César para cambiar para siempre la historia de Roma

Home People Los secretos de Julio César para cambiar para siempre la historia de Roma
Los secretos de Julio César para cambiar para siempre la historia de Roma

En el año 59 a. C., el todavía cónsul Julio César , futuro dictador de Roma, fue nombrado gobernador de la Galia Cisalpina. En la práctica, el Senado le entregó así el mando de cuatro legiones y la posibilidad de emprender la conquista de los pueblos libres de la región. El mismo Suetonio dejó constancia de sus victorias en los nueve años siguientes: «Redujo la Galia comprendida entre los Pirineos y los Alpes, las Cevennas, el Ródano y el Rin, a provincia romana, exceptuando las ciudades aliadas y amigas, obligando al territorio conquistado al pago de un tributo anual de cuarenta millones de sestercios».Bajo su gladius cayeron además bretones y algunas tribus germanas. Todo un logro para un cónsul que anhelaba grandes victorias militares para terminar de posicionarse como un prohombre de la historia de Roma. Y no se le niega la genialidad. Sin embargo, aquel movimiento de ajedrez por parte de la República le permitió atesorar un gran poder, como bien lamentó Marco Tulio Cicerón en una misiva escrita en el 50 a.C.: «Todo aquello le ha hecho tan poderoso, que la única esperanza que lo puede detener descansa en un solo ciudadano [Pompeyo]. Realmente deseo que este último no le hubiese dato tanto poder en primer lugar en vez de esperar a ser demasiado fuerte para luchar con él».Noticia Relacionada Ni Numancia ni Tarraco estandar No Este pueblo de Hispania provocó una guerra colosal entre Roma y Cartago Manuel P. Villatoro Sagunto, hoy una ciudad de más de 70.000 habitantes, fue asediada en el 219 a. C. por Aníbal Barca. La Ciudad Eterna, su aliada, respondió poco despuésCésar lo tenía todo: poder militar, dinero y popularidad entre la ciudadanía romana. Demasiado para un Senado que temía que se hiciese coronar monarca por delante de los dos triunviros que le acompañaban en el poder. Fue entonces cuando la política movió ficha. La facción más conservadora de la ‘urbs’ consiguió el apoyo de Cneo Pompeyo y le presionó para lograr que el general volviera a Roma, pero sin tropas. Según afirma el profesor Andrés Cid en su artículo ‘Roma se tambalea’, los senadores votaron para que «César depusiese a su ejército, so pena de que fuese declarado enemigo del pueblo». Aquello soliviantó todavía más los ánimos del futuro dictador.Así se gestó el movimiento de ajedrez más popular de Julio César. En el 49 a. C., el militar cruzó el río Rubicón, la frontera natural entre la Galia Cisalpina e Italia, dispuesto a terminar con sus enemigos en la Ciudad Eterna . Según la creencia popular, poco después dijo aquello de que la suerte estaba echada. O acabar con la República, o nada. El episodio lo recogió el autor clásico Plutarco en su ensayo más extenso, aunque con algunos matices: «Por fin, con algo de cólera, como si dejándose de discursos se abandonara a lo futuro, y pronunciando aquella expresión común, propia de los que corren suertes dudosas –’Tirado está ya el dado’–, se arrojó a pasar con sus hombres».En palabras de Plutarco, «las tropas que tenía consigo no eran más que unos trescientos caballos y cinco mil infantes». Aquellos legionarios formaban parte de la XIII Gemina, su legión más leal; la que había fundado en el 57 a. C. para enfrentarse a los belgas y que acabaría sus días licenciada en nuestra Hispania. Y es que César no contaba por entonces con un gran ejército. Ese es uno de los muchos mitos que se han extendido sobre este pasaje y que destruyen, a golpe de pluma y documentación, los escritores Francisco Uría y José Luis Hernández Garvi en su última novela con aroma histórico: ‘A orillas del Rubicón’ (Berenice, 2022).César se topó, según afirma el historiador Sergei Ivanovich Kovaliov en su ‘Historia de Roma’, con un Senado que carecía de tropas bregadas para defender la capital. A cambio, la Legio XIII era veterana. Aquello, a la larga, sentenció a la República. El ejemplo más claro es que el revoltoso apenas encontró resistencia en Rimini, al nordeste de Italia, y pudo llegar sin apenas dificultades hasta la capital. «Aunque ya se estuviese preparando una guerra desde hacía tiempo, nada estaba listo aún. Pompeyo no tenía tropas adecuadas para combatir contra César; por eso, el 18 de enero él mismo y dos cónsules huyeron de Roma», desvela el experto.Líder duro, pero querido¿Cómo logró César ganarse la lealtad de estos bregados combatientes? Garvi está convencido de que los combatientes se movían por la admiración hacia el líder. «Eran fieles porque tenía un gran carisma. Estaba pendiente de sus hombre y ellos correspondían con respeto», sentencia.Es cierto que César tenía una relación dual con sus hombres. Según explicaba Uría en una entrevista a ABC hace algunas meses, siempre fue generoso con ellos, pero, al mismo tiempo, les castigó con dureza cuando no estuvieron a la altura de sus expectativas. «Lo hizo incluso con la medida extrema de ‘diezmar’ alguna de las legiones bajo su mando», desvelaba. No obstante, siempre fue consciente de que su éxito político y su superveniencia personal dependían de la lealtad de sus hombres. Esa fuerza, ese secreto, unido a la veteranía de la Legio XIII Gemina, le llevó a la victoria y al mismísimo corazón de la Ciudad Eterna.Noticias relacionadas estandar No ABC PODCAST El secreto de las legiones romanas para luchar contra la desmotivación y la falta de soldados Manuel P. Villatoro estandar No La ciudad perdida que sustituyó a Roma como capital del Imperio (y no está en Italia) Manuel P. VillatoroAunque tampoco debemos olvidar la rudeza del militar. César ya había demostrado que era capaz de perpetrar todo tipo de barbaridades en la Galia; unos actos que Plinio el Viejo definió como «humani generis iniuriam» o «crímenes contra la humanidad». Con todo, Garvi recuerda que no debemos analizar la historia desde los ojos del presente. «La guerra no se veía desde el buenismo ni desde el punto de vista occidental actual en el siglo I a.C. No existía respeto a la vida humana. César desplegó una campaña efectiva que le permitió acabar con sus enemigos, y lo hizo para la gloria de la República romana. Enfrascado como estaba en luchas de poder con Pompeyo, las críticas proliferaron entre los cronistas», explica.

Leave a Reply

Your email address will not be published.