El nuevo ‘control de calidad gubernamental’ a las nuevas universidades ha sacudido en las últimas horas la comunidad educativa. Entre otros motivos, por los términos en los que Pedro Sánchez se refirió a algunos centros privados, que definió como «chiringuitos» . A lo que Alberto Núñez Feijóo le replicó ayer que «hay bastantes más chiringuitos en el Gobierno que en el ámbito de la educación superior». El decreto que endurece estas condiciones entrará en vigor en mayo , pero el hecho de que el Ejecutivo cuestionara frontalmente el modelo universitario de Isabel Díaz Ayuso en Madrid o de Juanma Moreno en Andalucía ha encendido el debate comparativo entre centros inundándolo de intereses políticos. Pilar Alegría advirtió ayer de que «esto no va de universidades públicas contra universidades privadas, sino de buenas contra malas». Pero, ¿cerrará el gobierno alguna universidad pública que no cumpla con los estándares de calidad? El 78,2% de los jóvenes que realizan estudios superiores en España acuden a la pública. Es decir, la gran mayoría. Pero el número de centros de pago que se han abierto en los últimos años no ha parado de crecer: hay 50 universidades públicas y 41 privadas , habiendo aumentado un 68% el alumnado de estas últimas en una década . En este contexto, habría que plantearse qué es lo que hace que la privada sea cada vez más atractiva para el alumnado. Miguel Ángel Sancho, de la Fundación Europea Sociedad y Educación, lo tiene claro: la empleabilidad. Según datos del Ministerio de Universidades, los alumnos que han estudiado en la privada logran encontrar empleo más rápido que los de la pública, reduciéndose la diferencia a medida que pasan los años. Nada más graduarse, un 61,3% de la promoción del 2018-2019 que salieron de la privada se afilió a la Seguridad Social, frente a un 53,6% que lo hizo habiendo estudiado en la pública. A los dos años, la distribución de inserción laboral privada-pública es de 69,3% frente a 63,7% hasta que, a los cuatro años, los alumnos de la pública se terminan colocando más que los de la privada: 78,2% frente a 76,4% . «Las bolsas de empleo de la privada son su tarjeta de visita, pero también las redes de exalumnos» Marcel Jansen economista y profesor de la UAM «Las privadas invierten más recursos, así como tiempo y esfuerzo, en garantizar que sus alumnos se coloquen . Sus bolsas de empleo son su tarjeta de visita», resume el economista Marcel Jansen, que además es profesor de la Universidad Autónoma de Madrid. En cualquier caso, dice, los datos de empleabilidad en los primeros años son muy bajos tanto para los de pública como para los de privada: en países como Holanda , un 90% de los alumnos encuentran empleo nada más graduarse. Pero, en España, lo que de verdad marca la diferencia no es el grado, sino el posgrado : «Algunos de los más reputados máster de negocio están aquí, en nuestro país». Hay que matizar que las privadas tienen mejores datos de inserción porque se lanzan a ofertar aquellas titulaciones que saben que el mercado demanda con más intensidad. «Son efectivas, pero abandonan esa vocación de servicio público de ofrecer grados como, por ejemplo, de humanidades», reconoce. Antonio Cabrales, catedrático de Economía de la Universidad Carlos III, apuesta porque las universidades públicas pusieran en marcha un s istema de incentivos relacionado con la empleabilidad . Es decir: que un centro recibiera más o menos financiación en función de su éxito para colocar alumnos en el mercado laboral. «La ANECA es un órgano jurásico, lleno de burocracia que dificulta cualquier modernización de los grados» Antonio Cabrales Catedrático de Economía de la Universidad Carlos III Además, Cabrales afirma que la pública no está sabiendo reaccionar a la demanda y no ofrece las plazas que debería en algunos de los grados más demandados. «Ahí está el ejemplo de Medicina. Muchos jóvenes terminan estudiando en la privada porque no logran la nota de corte , pero es que a la pública quizá no le compensa gastar tantos recursos en sacar más plazas», refiere. Jansen reconoce que en la pública se ha instalado cierta dejadez por parte del profesorado y una forma arcaica de dar clase: «Es más fácil no cambiar». En este sentido, Cabrales mira hacia la ANECA (que tendrá que emitir el nuevo informe preceptivo para abrir nuevos centros) como ese gran obstáculo para mejorar, modernizarse y entender qué es lo que necesita el mercado laboral: «Se trata de un órgano jurásico, lleno de burocracia, que impone una cantidad ingente de papeleo para, por ejemplo, incluir una asignatura de Informática en un grado». Desde la Fundación Europea Sociedad y Educación, plantean que «más allá de mirar al otro, a lo privado, con carácter negativo, estaría bien hacer una autorreflexión y establecer indicadores de calidad objetivos ».

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