Actúan a cualquier hora del día, disfrazados de operarios y en ocasiones sin ni siquiera forzar la entrada. Con los contadores del agua en plena renovación, sustituyéndose los clásicos analógicos por unos nuevos digitales, los ladrones de cobre y latón apuran sus opciones para sustraer de las comunidades de vecinos los viejos aparatos antes de que el Canal de Isabel II complete el ambicioso relevo generacional. El objetivo, revender los metales no ferrosos en las llamadas chatarrerías ‘fantasma’ . El precio, un calvario vecinal que va mucho más allá de los cerca de 3 euros por kilo que suelen sacar los amigos de lo ajeno.En los últimos días, los cacos han causado estragos en Mejorada del Campo, con unos pocos casos consumados; y Vicálvaro, cuyos actos han llegado a perjudicar a más de una decena de portales de las calles de San Edualdo, Omega, Villablanca y Gran Vía del Este, y hasta en un colegio de esa misma zona del distrito. Con todo, desde el Canal informan a este diario de que suele tratarse de hechos puntuales, sin ofrecer al respecto ninguna explicación más.El auge de esta problemática se remonta al verano pasado, cuando los residentes de la colonia de Juan Tornero (en el barrio de Puerta del Ángel, distrito de Latina) comenzaron a padecerla por una simple y llana razón: abrían el grifo y no salía agua. De primeras, pensaron que podría deberse a un corte del Canal por una avería, pero la realidad iba a resultar mucho más extravagante. En diferentes bloques de las calles de Rute, Fuenteovejuna, Caramuel o Lucena habían desaparecido los contadores generales comunitarios.Noticia Relacionada estandar Si Sensores e imágenes por satélite para vigilar 18.000 kilómetros de tuberías en Madrid Sara Medialdea El Canal de Isabel II recibe cada mes cerca de 14.000 avisos por incidenciasEn algunos casos fue tal la naturalidad del ladrón, que parte de los afectados se toparon con un hombre vestido de trabajador sin advertir de que estaban en la antesala del robo. Este individuo accedía así al espacio del contador utilizando una especie de llave maestra y lo birlaba ante el asombro de propios y extraños. Un ‘modus operandi’ que pronto se trasladó a más zonas de Latina, (calles de los Sagrados Corazones, Juan Pascual de Mena y Domingo de Zaizita, entre otras), por lo que la paranoia entre el vecindario no tardó en extenderse. «Recuerdo una vez que iba a trabajar y me encontré con un tipo manipulando el contador. Serían las 7 de la mañana y llevaba ropa de trabajo de esa reflectante, pero aún así me fui con la duda», relataba una joven tiempo atrás.3 euros El precio por cada kilogramo de latón ronda los 3 euros, lo que supone que cada pieza afanada alcance un valor en el mercado negro cercano a 10 euros.Tras aquella primera oleada, los rateros volvieron a dejar su huella a principios de febrero en Getafe. Uno de los damnificados, residente en la avenida de España, relataba entonces en redes sociales que habían amanecido sin agua debido al robo del contador a lo largo de la madrugada. Los episodios se repitieron en otros puntos del municipio, con especial intensidad en el barrio de Getafe Norte, donde hubo negocios que también se vieron perjudicados. Y al igual que la vez anterior, los cuadros de los contadores no presentaban signos de haber sido violentadosLlegados a este punto, fuentes policiales señalan a ABC que los autores tienen claro que incurrir en este tipo de hechos supone un delito de robo con fuerza, lo que implica una pena menor. Ello explica también que la mayoría no suelan oponer resistencia ni tengan un carácter violento en caso de ser sorprendidos: «Son conscientes de que un delito de lesiones sí que podría oscurecer su futuro judicial». Con el botín en la mano, lo normal es que fundan el latón para llevarlo después a las llamadas chatarrerías ‘fantasma’. Estos negocios son espacios clandestinos en los que no hace falta acreditar el origen de la mercancía ni exponerse a los libros de registro (identidad del vendedor, peso y materiales entregados). Y por si fuera poco, pagan más caro la compra de material, normalmente entre un 10 y un 20 por ciento de incremento, al no tener que abonar costes empresariales como la parte del sueldo de sus trabajadores destinada a la Seguridad Social y otra serie de impuestos.En 2022, el Canal de Isabel II comenzó a instalar los llamados contadores inteligentes , capaces de registrar en tiempo real el consumo de agua en cualquier vivienda, de forma que el propio gestor pueda recibir información al momento ante cualquier anomalía en el suministro. Un proceso que tenía por objetivo alcanzar la práctica renovación de todos los hogares madrileños en 2030, pero a merced del ritmo de implantación actual, con medio millón de aparatos instalados en apenas dos años, la empresa pública rebajó el verano pasado el plazo marcado a finales de 2026.2026 año límite El Canal de Isabel II tiene por objetivo alcanzar la renovación de los llamados contadores inteligentes en todos los hogares madrileños a finales de 2026.Este hecho podría ser una de las principales causas de que este tipo de mafias pisen el acelerador para arramplar con los viejos dispositivos, cuya desaparición tarda más en ser denunciada. De hecho, las alertas instantáneas de los nuevos contadores permiten una detección precoz en dos direcciones: si el consumo es excesivo podría tratarse de una fuga, un grifo abierto, un okupa que ha entrado en un inmueble vacío o alguien que esté enganchado a la red de abastecimiento de otro cliente; y si es a la inversa, lo más normal es que sea una avería general o la falta de parte del circuito, sea una tubería o el propio contador.Controversia esta última, que suele golpear más a los territorios rurales. «Lo normal es que esto ocurra en el campo, ya que las tuberías son más grandes y los contadores pesan más», sostiene un fontanero, cuestionado por este periódico. Hace años, la ciudad de Madrid sufría sobre todo por los contadores de los parques y jardines públicos, hasta el punto de que se llegaban a contabilizar entre 70 y 80 sustracciones cada mes.Codicia por el cobrePese a lo aparatoso de estos pillajes, su baja rentabilidad en el mercado negro (un contador de una comunidad de vecinos no suele pesar más de tres kilos) hacen que el cobre siga siendo el principal metal codiciado por los cacos. Aquí, la renovación de farolas led en detrimento de las tradicionales provoca que el cableado de las vías ferroviarias pase a ser su principal objetivo. A la hora de cortar los cables de las catenarias (con voltajes de hasta 25.000 voltios en las líneas de alta velocidad) emplean herramientas con toma de tierra, para acto seguido tirar del cable ya sin tensión y dejar a su paso un estropicio mayúsculo.Destrozos que también se dejan sentir en los vehículos de gama media estacionados en la vía pública que amanecen sin catalizador . Ataviados con sierras, los rateros se introducen debajo de los coches, cortan las piezas y en menos de un minuto huyen con la mercancía afanada, de la que buscan sacar metales preciosos como el platino, el paladio y el rodio, impregnados en un panel de cerámica para evitar que los gases más contaminantes entren en contacto con la atmósfera. Robos por los que no sacarán más de 50 euros en el mercado negro, pero que obligan a los conductores afectados a afrontar averías que pueden llegar a superar los mil euros.

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