Churras con merinas. Así es cómo el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y sus asesores económicos, han confeccionado la lista de aranceles que cobra desde hoy mismo la primera potencia mundial a España, por estar dentro de la Unión Europea, y al resto del mundo: una tasa adicional del 20% y, según sus estimaciones, se queda corto. Porque la Casa Blanca estima que la UE ya venía aplicando unas trabas comerciales que gravaban hasta un 39% las importaciones de productos norteamericanos en países como España. En realidad, el nivel de aranceles que España cobra a EE.UU. no alcanza ni el 4%, y solo para determinados productos. Por eso, la cifra, en bruto, puede resultar llamativa. ¿Cómo es posible que la economía española gravara con esas tasas a la llegada de productos desde EE.UU. y ahora se queja de que ese país solo aplique un 20%? Porque en realidad ese 39% incluye toda una amalgama de conceptos económicos con los que Trump ha jugado para que su medida le saliera perfecta. En la coctelera ha incluido como aranceles el impuesto del IVA, el nivel de importaciones, el déficit comercial y hasta lo que denomina como «manipulación de las monedas» internacionales. La primera variable de la que se ha valido Trump ha sido considerar el IVA (Impuesto de Valor Añadido) como un arancel que España les cobra a ellos. Aunque cada socio comunitario aplica diferentes tasas, el IVA general se encuentra en el 21%, aunque tiene tipos reducidos del 10% y el 4% para determinados bienes. Trump ha afirmado que «un impuesto IVA será considerado como un arancel«. «La Unión Europea ha sido muy dura con nuestras empresas » por cobrar el IVA, ha agregado en su argumentación.Por otra parte, EE.UU. ha justificado su medida al crear una sorprendente fórmula que relaciona el déficit comercial con el nivel de importaciones. EE.UU. mantiene con cada uno de los países afectados y el nivel de importaciones. Y la cuantifica tal cual: «Arancel = Déficit comercial de EE.UU. con España / Importaciones de EE.UU. que recibe de España». Es decir, equipara en el mismo cálculo un problema para su país -el déficit comercial que tiene- como si fuera una tasa que España impone a su país. «Hay que acabar con décadas de abuso comercial», apuntaba ayer.En el caso de España, se da la circunstancia de que afronta estas medidas con un balanza comercial negativa (se importa más de lo que se exporta), después de que en 2024 el déficit aumentara un 6,9%, hasta 10.013,5 millones de euros, 650 millones más que el año anterior. Es decir, el déficit lo tiene España y no la economía norteamericana. Y las importaciones de productos nacionales que llegan a EE.UU. superan los 21.000 millones de euros. Ni distorsionando ambas cifras, cuadran las cuentas de Trump.En cualquier caso, al pertenecer a la UE, España grava con aranceles a una lista de productos que llegan desde Estados Unidos. Por ejemplo, los vehículos , con una tasa de hasta el 13%; las motocicletas (6%), aunque en el caso de las Harley-Davidson han sido objetivo de aranceles adicionales del 25% o más en respuesta a tarifas estadounidenses; la carne está gravada hasta en un 58%; el pescado un 15%; los productos lácteos un 49%; los cereales hasta un 35%; y en el caso de las frutas y verduras , cambia ese arancel desde un 22% hasta un 69%, dependiendo del producto. También el vino procedente de EE.UU. se ve gravado con una tasa de un 15%.En realidad, revela la incapacidad de su país para afrontar los bajos costes con los que se fabrican miles de chips en Vietnam o prendas de vestir y calzado en India. O los alimentos que se producen en España, como el aceite y el vino, muy valorados en EE.UU. Pero Trump ha hecho tabla rasa con unos cálculos aparentemente complejos, pero realmente distorsionados. Este sector manufacturero es el que en los últimos años han absorbido inversiones y producción desplazadas fuera del país. Lo que ha hecho Trump ha sido una cuenta de la vieja en la que incorpora el nivel del déficit comercial que tiene EE.UU. con cada uno de esos países con la cuantía de importaciones que llegan a allí de cada territorio. Devaluación de las monedasOtro factor que ha incorporado en sus cálculos es lo que denomina como la «manipulación de las monedas nacionales». Es decir, la devaluación que registran una buena parte de las divisas de países en desarrollo , donde se instalan buena parte de las fábricas fuera de EE.UU., frente a un dólar que eleva los costes de producción dentro del territorio norteamericano. Por ello, buena parte de los aranceles impactarán en países pobres como Camboya, India, Vietnam o Nicaragua. Esta ofensiva arancelaria tiene que ver con el problema de fondo de esta gran economía: las crecientes dificultades de su país para competir en los mercados internacionales de bienes, aunque no así en los servicios por su pujanza tecnológica. Ya lo apuntó su asesor principal en comercio, Peter Navarro, muy cercano al presidente, en su anterior mandato: «Los problemas estructurales relacionados con el comercio en la economía estadounidense han dado lugar a un crecimiento más lento, menos empleos y una mayor deuda pública».

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