El Cordobés, «un tiburón» que paralizó España ante las pantallas de televisión

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El Cordobés, «un tiburón» que paralizó España ante las pantallas de televisión

A sus 88 años mantiene el carisma que le aupó como una de las figuras del toreo más destacadas de la historia. A Manuel Benitez ‘El Cordobés’, la Junta de Andalucía acaba de concederle el II Premio Andalucía de Tauromaquia, como ejemplo de una trayectoria en los ruedos que le hizo uno de los personajes más populares y queridos de la España de los años sesenta.«El tiburón torero que se hace dueño del lago taurino», el diestro que «allá donde va lleva la tormenta con él», el hombre que «se transforma en un mito, en algo inverosímil», así lo definió Antonio Díaz-Cañabate en la crónica abecedaria de la confirmación de alternativa de Benítez, el 20 de mayo de 1964, una tarde precedida de una expectación nunca vista, que acabó con el torero en la enfermería intervenido de una cornada muy grave en el muslo izquierdo.Aquel día estaba marcado por una mayoría de españoles para no perderse la tarde de toros madrileña retransmitida por la televisión, que en aquellos años todavía no llegaba a todos los hogares. Por eso se organizaron reuniones familiares, de amigos, hasta de comunidades de vecinos, en torno a las pantallas de televisión. Los bares llenos, y ante los escaparates de las tiendas de electrodomésticos se agolpaban muchas personas ávidas de saber lo que sucedía en Las Ventas.Noticia Relacionada Así lo contó ABC estandar Si Y Madrid vio torear a Manolete Ángel González Abad Corrida de la Prensa de 1944, la cumbre del Monstruo de Cordoba con el toro Ratón de Pinto Barreiro«Tormenta en el lago taurino» tituló ABC la crónica del festejo. Cañabate hace una introducción comparando a la Fiesta con un lago. «Por él nadan los toreros como cisnes vestidos de oro». Y «allá, cuando Dios quiere, sobre el lago taurino se precipita una tormenta, surge un torero que revuelve con ímpetu de tiburón las apacibles aguas. Los cisnes se acoquinan».«Se le adora como a una deidad. Se le ensalza hasta la hipérbole. El poderío de El Cordobés sobre las multitudes se diría que es mágico. El lago taurino se trueca en furioso océano», mantiene Cañabate, que recuerda que «decide presentarse en Madrid y llena rápidamente, no las dos corridas que va a torear, sino un abono de dieciséis festejos».«Llega el ansiado día. Amanece espléndido», y cuando falta media hora se desata la tormenta, la inesperada de rayos, truenos y lluvia. Se retrasa quince minutos el paseíllo y salta a la arena Impulsivo, de Benítez Cubero. «Leves rayos de unos pases despreciativos iniciales. El trueno de los redondos y del círculo». Ovaciones frenéticas y el toreo al natural, los pies juntos, la flexibilidad de su muñeca… «Torea de manera distinta a los demás. No incurre en la monotonía. Emociona como emociona el relámpago y el trueno».Y cuando toreaba con la izquierda «lo coge, lo voltea, lo recoge en el suelo. El Cordobés se incorpora a duras penas y se deja llevar a la enfermería», señala Cañabate, que sentencia: «Ofreció a Madrid lo más valioso que puede ofrecer un torero: su sangre». La corrida acabó allí, con el público conmocionado. Poco importaba ya lo que pudieran hacer Pedrés y Palmeño.ABC ilustró la portada de su edición del día siguiente con una impresionante fotografía de Cano que recoge el dramático momento de la cornada sufrida por El Cordobés, y además de la crónica de Díaz-Cañabate, se dedicaron dos páginas sobre las circunstancias de la cogida, la intervención en la enfermería y el traslado al Sanatorio de Toreros. El parte revelaba una herida en el tercio superior, cara interna del muslo izquierdo, con dos trayectorias de quince centímetros cada una, que desgarra las venas colaterales de la femoral y produce una intensa hemorragia, precisando una transfusión de casi un litro de sangre. Pronóstico «muy grave». Algún facultativo del equipo médico llegó a comparar la cornada con la de Manolete en Linares.

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