Morante sublima la torería y corta dos orejas en su regreso a la Comunidad de Madrid

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Morante sublima la torería y corta dos orejas en su regreso a la Comunidad de Madrid

Era el reencuentro de Morante de la Puebla con la afición de Madrid. Cumplía su tercera cita tras su reaparición en Almendralejo, donde encandiló y desató la tormenta. Una ovación de gala le tributaron en su vuelta a a esta Comunidad.Tomaba la alternativa Javier Blanco, el director general de Be Live Hotels, la cadena hotelera de Globalia, la empresa de su suegro, Juan José Hidalgo, que presenció el festejo desde una barrera de capotes en Moralzarzal. Era la culminación de un sueño largamente pospuesto por Blanco, con una vida que ha transitado entre los ruedos y los despachos ejecutivos, bajo el fuego mediático que ha acompañado a su familia política en los últimos tiempos. Blanco se centró en el sueño de su niñez, en el de convertirse en matador de toros. Sin necesidad de jugarse la vida por un día, con un imperio a sus pies, el veneno del toreo fue más fuerte. La noche antes merodearon los miedos… Pero la afición superaba cualquier temor. Con unos minutos de retraso arrancó el paseíllo crucial, el que lo dirigía al altar de los matadores de toros. Despacito, despacito -pero sin sacar los brazos-, los tres lances de recibo con un capote con las vueltas lilas, unidos luego a circunferencias de aires acamperados.Cómo humillaba Rabioso, que así se llamaba el toro según la tablilla (Docetoros, según el acta), anovilladito y con noble movilidad. Todo planeaba como un Falcon: casi lleno en la cubierta de Moralzarzal, una ceremonia de lujo, con Morante de la Puebla de padrino y Alejandro Talavante de testigo, y los soberbios pares de Juan Carlos Rey. Sorprendió Blanco por la serenidad y el gusto que imprimió, con algunos trincherazos de cartel y dos naturales en los que enganchó el viaje, aunque -lógicamente- se notó su inactividad. Con unas manoletinas remató, pero la estocada cayó excesivamente tendida y se retrasó con el descabello.A las siete menos veinte, Morante enseñaba su capote. A la verónica, con una honda como el mar de los pesares. Aquella inmensidad creció con el Celeste Imperio: qué majestad traía su toreo a dos manos, vertical, de monumento esculpido. Una belleza que traspasaba la cubierta, que desataba oles y gritos de «¡eres el más grande!». Y para todos ellos regaló un molinete colosal. Bañada en torería la faena, con un Africano sin las virtudes del anterior. Noticia Relacionada especial Si Roca Rey: «Tengo miedo a morir joven» Rosario Pérez | Fotos: Matías Nieto | Vídeo: Pablo OrtegaLastimado de una mano parecía el terciado colorado, de encendida bravura. Repetía y repetía, con codiciosa embestida. De alboroto Cartucho, al que Talavante dio fiesta por ambos lados, con un punto de velocidad. Era el zurdo el pitón más espléndido, el de la clase, el del hocico por la arena, y por ahí llegaron los momentos más álgidos. Falló con el acero, pero le concedieron una oreja (con ciertas protestas). Cartucho fue despedido con una fuerte ovación. Moralzarzal Cubierta de Moralzarzal. Sábado, 5 de abril de 2025. Casi lleno. Toros de Domingo Hernández, de buen juego; destacaron 3º y 5º, premiado con la vuelta al ruedo. Morante de la Puebla, de celeste y oro: dos pinchazos y estocada trasera (saludos); estocada trasera desprendida (dos orejas). Alejandro Talavante, de pizarra y plata: pinchazo, estocada que asoma y dos descabellos (oreja con protestas); estocada muy trasera y tendida y tres descabellos (dos orejas). Javier Blanco, de nazareno y oro: media muy tendida y dos descabellos (silencio tras aviso); tres pinchazos y estocada (dos orejas).Maravilló el de La Puebla del Río a la verónica en el cuarto. Un prodigioso hilo de la madre del toreo de capa. Bailó por chicuelinas para ponerlo en el peto y brindó a Paco Alcalde, que antes se había retratado con el genio. Torerísimos en los doblones rodilla en tierra de la apertura. ¡Cómo venía Morante! Más feliz que en Almendralejo, más centrado, todavía más torero. Apuntaban las zapatillas al sitio de la verdad y ofrecía el pecho el sevillano, que dejó unas sensaciones extraordinarias con un toro de más movimiento y prontitud que clase. Esa la puso toda el maestro, que cortó dos orejas y se las entregó a Alcalde en una apoteósica vuelta al ruedo, en la que hasta tuvo que firmar una camiseta del Betis.Después del lío que formó Morante, Alejandro Talavante se postró de rodillas en su comienzo de faena al quinto, más despegado de tierra y con el fuelle justo, aunque con mucha calidad. Mucho más ralentizado anduvo ahora el extremeño, sintiéndose en su bonita faena. Se dormía el bondadoso Sacristán en las telas alejandrinas, tan pausadas, con mucha variedad hasta el desplante final, que puso a parte del público en pie. Tan trasera y tendida enterró la espada, que necesitó del verduguillo: no fue óbice para la concesión de dos orejas. Con el pañuelo azul bendijo el presidente a Sacristán, premiado con la vuelta al ruedo en el arrastre. Otro aire traía el sexto, más voluminoso. De nuevo llamó la atención la tranquilidad de Blanco. Con listeza se dobló con Aturquesado, que obedecía, pero con otro disparo. A izquierdas dejó naturales sueltos de mano baja, que, pese a carecer de ligazón, tenían más sello que muchos de los que se ven de plaza en plaza. En las cercanías remató. Centradísimo siempre, pero desacertado con el acero. Aun así, asomaron los dos pañuelos blancos del doble trofeo, pues la tarde estaba predestinada para triunfar y volar alto. Tarde muy generosa del palco y lluvia de siete orejas. Y todos felices.

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