Arranca una nueva edición del Salón del Cómic y lo hace como era de esperar, con mucho color y entusiasmo. Todo es posible dentro de los pabellones que acogen la feria, desde un zombie que se arrastra con dificultad por los pasillos sin que nadie le haga ni caso, hasta hombres adultos peleándose con espadas láser como si de verdad su vida dependiera de ello. Porque esto es el universo del noveno arte y cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.El viernes es el día tradicional de las escuelas y había centenares de niños y niñas paseándose de arriba abajo. Sus profesoras iban con cajas decoradas como personajes de Minecraft en la cabeza. Hasta los profesionales de la educación saben que aquí, para que los niños te hagan caso, tienes que ir tremendo. Las casetas estaban repletas de aficionados, demostrando que el valor comercial del salón es incuestionable. Todos iban con sus bolsas repletas de cómics y ya desde primera hora había colas para que los artistas se los firmasen. Y paseándose junto a ellos estaba Ernest Urtasun , el ministro de Cultura, acompañado por Meritxell Puig, la responsable del Salón. Aunque el corazón de este gran salón son sus exposiciones y ninguna más reivindicativa que la dedicada a la amenaza más grande que tiene el sector ahora mismo, la Inteligencia Artificial (IA). «Todo lo que he visto de la IA parece muerto, sin alma, como si fuera un extraterrestre que no acaba de comprender a los seres humanos», afirma Chris Ware , el genial dibujante, omnipresente estos días en el salón, y con una gran exposición retrospectiva en el CCCB.Superhéroes a tamaño realOtro de los puntos álgidos del salón es la exposición dedicada a Pepe Larraz , el dibujante del cartel de este año y una de las firmas más potentes de Marvel estos últimos años. «Yo siempre busco la emoción más que los fuegos artificiales. Es lo que queda», apunta el dibujante que asegura que toda su carrera la dirigió a poder hacer un X-Men y vaya si lo consiguió. Junto a Larraz también estaban en el salón gente como Javier Rodríguez, Natacha Bustos o Carmen Carnero, demostrando que los artistas españoles son muy buscados por Marvel y DC.El gran reclamo fotográfico del Salón estaba en las estatuas de los grandes superhéroes de película. Como si guerreros de terracota se trataran, te podías inmortalizar dando un puñetazo a Superman , versión Henry Cavill, aunque estaba prohibido tocar a las estatuas porque, ya sabemos, la gente siempre tiene malas ideas.Pero no sólo de cultura pop vive el cómic y el universo ‘underground’ también estaba muy presente, como en la exposición a Marika Vila y su reivindicación a las dibujantes pioneras de los años 80. «Aquí llegaba el underground, pero sólo el de los hombres. Hasta los 90 no se supo de ellas. Julie Doucet solía gritar desesperada: ¡yo también soy dibujante!», comenta Vila ante su exposición homenaje.Noticia Relacionada Del 4 al 6 de abril estandar Si Novedades para el Salón del Cómic de Barcelona Asier Mensuro Dada la importancia de esta cita dentro del sector, las editoriales suelen aprovechar para presentar algunas de las novedades más jugosas del añoTambién hay espacio para los debutantes y las artistas ilustradoras, como las casetas de Marta Ponce y sus cuadros victorianos o las increíbles hadas de Judith Mallol. «Yo siempre estaba dibujando, pero era difícil contárselo a tus padres. Querías buscar una opción más realista y ni siquiera hice bachillerato artístico. Pero algo seguía llamándome y acabé apuntándome a la Escuela Joso y aquí estoy», afirma Julia Rubau , autora de la existosa ‘El misterio de la Geoda Rosada’ (Norma editorial). La autora empezó devorando los manga de sus hermanas, pero fue en en bachillerato cuando descubrió el poder del cómic europeo. «Ahora mi estilo es una mezcla de los dos», asegura. Eso es el salón del cómic, una maravillosa mezcla.

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